Diferencia entre una crisis vital o emocional y una crisis existencial

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Carolina Callejas Alejano
Agosto 2026

¿Qué es una crisis vital o emocional?

Casi todas las personas atravesamos alguna vez una crisis vital. Puede aparecer tras la pérdida de un ser querido, la ruptura de una pareja, un cambio laboral, un problema económico, padecer alguna enfermedad limitante o cualquier otro acontecimiento que altere significativamente nuestra vida.

Estas circunstancias, en mayor o menor medida, son comunes en las vidas de todos nosotros. Sin embargo, dependiendo de la intensidad de lo ocurrido y de la sensibilidad que tengamos en el momento que suceden, pueden sumergirnos en un estado de bloqueo, apatía, desconexión e incluso hacernos sentir perdidos. Es como si la vida hubiera dejado de tener sentido. En algunos casos, si esta situación perdura durante mucho tiempo, podría llevarnos incluso a un estado de depresión. La psicología tradicional conoce bien estas fases de crisis y, en mi opinión, puede abordar perfectamente estos temas y ayudar a una persona a mejorar la forma de afrontar estos procesos.


A diferencia de una crisis existencial, la crisis vital suele tener un origen bastante definido. La persona que se encuentra en esa situación puede reconocer sin dificultad el lugar y el tiempo concreto donde las cosas empezaron a ir mal: cuando me dijeron que mi trabajo ya no era necesario, cuando mi pareja me comunicó que ya no quería seguir conmigo, cuando me dieron el diagnóstico de una enfermedad, etc.

El punto de partida es bastante claro para la persona que está en una crisis vital. A veces, lo que ocurre es que este malestar puede extenderse a otras áreas de su vida. Por ejemplo, si estoy teniendo dificultades importantes en el trabajo (crisis laboral), es probable que esté ansioso, irritable y esto hace que mi relación de pareja también se resienta. Como consecuencia de ello, empiezan a manifestarse las posibles incompatibilidades entre los dos y, poco a poco, se agranden hasta convertirse en una crisis de pareja. Ahora ya tengo la crisis laboral más la crisis de pareja. Estas circunstancias pueden hacer que mi cuerpo empiece a reflejar el malestar en forma de estrés, no dormir bien, problemas gastrointestinales y si había alguna vulnerabilidad física previa podría hacerse más evidente ahora, es decir, añado una crisis de salud también. Todo esto puede llevarnos a una situación de bloqueo y de pérdida de sentido de la vida, donde nuestro sentir es el de una crisis vital general. Es importante recordar que, esta situación, tiene su origen en sucesos concretos que se han ido acrecentando y que, de alguna manera, no hemos podido gestionar o resolver.

Cuando la madeja se vuelve tan complicada es muy importante pedir ayuda. Los profesionales de la psicología pueden ayudar de manera eficaz a ir desenredando esta confusión y, gradualmente, sentir que uno vuelve a poner orden en su vida. Puede haber ocasiones en las que estas crisis evidencian un problema oculto de fondo y ofrecen una oportunidad única de replantearse la forma en la que a partir de ahora queremos vivir. Revisar nuestras creencias, patrones e incluso tomar decisiones sobre cambiar la orientación laboral o, llegado el caso, dejar una relación de pareja podría ser el resultado de un trabajo de escucha honesta hacia nosotros mismos.

En definitiva, casi todas las crisis vitales nos ayudan avisándonos de que no podemos seguir ignorando que el camino por el que íbamos, ya no se ajusta a nuestro sentir interior actual. Y quizá debemos empezar la búsqueda de uno mucho más compatible y coherente con lo que somos.


Entonces, ¿qué ocurre en la crisis existencial?

Como ya hemos comentado, un rasgo característico de una crisis vital es poder localizar sin problema su origen. En cambio, en la crisis existencial, el asunto es más complejo. Incluso hay personas que sospechan que ya experimentaban una crisis existencial ¡desde niños!

La crisis existencial está profundamente relacionada con la necesidad de dar sentido a uno mismo, a la vida y a la totalidad de la existencia.

Es verdad que en la crisis vital, podemos experimentar que la vida ha dejado de tener un propósito. Pero, en este caso, es una consecuencia, un efecto, un síntoma de que las otras áreas de nuestra vida han perdido su estructura.

En la crisis existencial, la necesidad de buscar el sentido a la vida es el núcleo, la causa y el origen. Esta necesidad y la angustia de no encontrarlo podría conducir a crisis vitales. Como se puede ver, aquí el orden es inverso. Primero hay una falta de dirección y después, esto puede originar desconexión o malestar en el trabajo, parejas, relaciones sociales, etc. En cambio, en algunas crisis vitales primero aparecen los desajustes en las distintas áreas de la vida y por último, podría aparecer la falta de sentido. Esto es una diferencia fundamental.


¿Cómo se siente una crisis existencial?

En algunas personas, a lo largo de su vida, nace espontáneamente una sensación de no encajar, o de que algo falta aunque no saben explicar qué es. Aparece en ellos una pregunta silenciosa que vuelve una y otra vez: “¿Es esto todo?”, “¿qué más hay?” En definitiva, un deseo de trascendencia, de “ir más allá”.


Este anhelo no es creado o buscado a propósito, sino que surge como una sensación de un vacío que hubiera que llenar. Incluso aunque tengamos éxito personal, profesional o económico, persiste esa sensación de que nos falta algo más. Podemos tener momentos de mucha alegría y satisfacción pero nos damos cuenta de que duran poco. Una vez conseguido aquello que deseamos es como si el marcador volviese a cero.

Algunas personas pueden vivir esto de forma frustrante y demoledora. En otros simplemente esta decepción nos empuja a estar en permanente búsqueda. Ese podría ser un primer síntoma.

Sentir este tipo de inquietud no significa necesariamente que exista un trastorno psicológico, es una necesidad profundamente humana: comprender quiénes somos y qué significa la existencia. Esta distinción entre un problema psicológico y una necesidad humana no siempre es sencilla y, por eso, conviene que los profesionales de la psicología sean cautelosos antes de sacar conclusiones precipitadas.

Esta característica de estar en búsqueda tiene sus riesgos. Probamos con hobbies, deportes, actividades artísticas, nos apuntamos a toda clase de cursos o actividades, en grupo o individuales. Probamos y probamos y dejamos y dejamos.

Nuestras familias y amigos pueden decirnos que no tenemos constancia, que nos falta seriedad y que somos unos caprichosos siempre probando y siempre dejando... podrían verlo como un fracaso.

Sin embargo, si ese es tu caso, yo te diría que no se trata de falta de constancia. Probar y también saber dejar forman parte de este camino de exploración. Después de sumergirte en una actividad o circunstancia si no termina de llenarte, quizá lo más sensato sea dejarlo.

Llegados a este punto, nuestra propia búsqueda, y desesperación, nos guiará hacia territorios más adecuados. Es posible que comiencen a atraernos las personas que hablan de los fenómenos trascendentales de la vida. Pueden ser religiosos o no. Aquellos que cuestionan la realidad tal y como la conocemos habitualmente.

Podemos oír hablar de la indagación de nuestra verdadera naturaleza y conectar con la totalidad de la vida o del desarrollo pleno y permanente de nuestro nivel de consciencia.

En ese camino debemos estar alerta porque pueden aparecer personas que prometen respuestas rápidas o fórmulas para acceder a una supuesta verdad definitiva. Conviene acercarse a ellas con curiosidad, pero también con espíritu crítico.

El mundo de lo esotérico, es decir aquello que está oculto, no explícito, puede ser muy atractivo para muchas personas. Tendrás que ser muy honesto contigo mismo y descubrir qué es realmente lo que buscas. Esto puede llevar mucho tiempo porque no siempre uno tiene claro lo que necesita.

Habrá que probar y sobre todo dejar.


¿Podría una crisis vital convertirse en existencial?

Sí, una no invalida a la otra y, a veces, el detonante que saca a la superficie una crisis existencial es primero experimentar una vital. Pero no olvidemos que las dos tienen una esencia distinta y por tanto, lo que puede ayudar en una, podría no tener ningún efecto en la otra.

En la crisis vital, como ya hemos dicho, lo que se aconseja si la persona siente que no encuentra una forma adecuada de poder avanzar, es una ayuda profesional. Alguien que desde fuera pueda, gracias a su formación, localizar algunos hilos de los que tirar para ir deshaciendo la madeja. Paso a paso la persona podrá ir viendo con más claridad los distintos caminos que tiene delante e ir explorando cuál de ellos representa mejor su sentir actual.

En el caso de la crisis existencial no hay un procedimiento como tal porque no se trata de solucionar un problema concreto. Más bien es una invitación a iniciar un proceso de búsqueda e indagación, en el que las preguntas van cambiando con el tiempo y la relación con uno mismo también. No existe un recorrido único ni respuestas universales.

La búsqueda se convierte en un camino en sí mismo y la persona se verá, con mayor o menor consciencia, adentrándose en distintas rutas.

La búsqueda existencial es también el camino de las desilusiones. Esto es, a medida que avanzamos en ese camino, nos damos cuenta de que nada exterior —el dinero, la pareja, los hobbies, etc.— podrá realmente satisfacer ese anhelo profundo por encontrar sentido, por encontrar respuestas. Una vez nos hemos desilusionado con hecho de que el mundo exterior no podrá ofrecernos la trascendencia que necesitamos, entendemos, al fin, que solo nos queda una dirección que explorar, el mundo interior. Es justo ahí, donde comienza la gran aventura para una persona con crisis existencial, mucho habría que contar sobre ello pero quizá será en otro artículo.

Si te encuentras en un momento parecido y deseas indagar con acompañamiento profesional, puedes contactar conmigo

Carolina Callejas Alejano es psicóloga y acompaña a personas adultas que atraviesan procesos de cambio vital, búsqueda de sentido y autoconocimiento profundo.




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