Un lujo llamado Soledad...


Me parece importante diferenciar la soledad del hecho de sentirse solo. En realidad, sentirse solo no tiene nada que ver con estar acompañado o no. Una persona puede estar rodeada de mucha gente y sentirse profundamente solo. Es un sentimiento/pensamiento en donde la persona puede sentir/pensar que la gente no tiene interés en él, le rechaza o nadie comprende su situación. En este estado de la mente el “yo” tiene un peso muy grande y la infelicidad sobreviene invadiendo por completo a la persona. Es, sin duda, una situación muy trágica, especialmente si sucede en la infancia.

Los motivos por los que una persona ha llegado a este estado no es el motivo de este apartado. Aquí me gustaría centrar la atención de otro tipo de soledad: La Soledad (en mayúsculas para diferenciarla de la anterior) primordial, esencial y tan necesaria para que un ser humano pueda experimentarse como “él mismo”.
Me resulta muy llamativo como en un número elevado de consultas profesionales (especialmente en adultos jóvenes) la raíz fundamental de sus problemas es ¡la falta de Soledad!
He tenido la experiencia de encontrar a personas de un alto nivel cultural, intelectual y profesional, incapaces de saber lo que quieren, piensan o desean porque se sienten “invadidas” por sus parejas, familia, amigos y la sociedad en general. Esta situación les genera un estado de inseguridad y ansiedad muy altos, incluso paralizante.

Para colmo, estas personas creen que el problema está en ellos, que no dan abasto con las responsabilidades de su vida, que no atienden como debieran a sus familiares y que en el fondo son profundamente egoístas porque a veces desearían que sus hijos desaparecieran una semana entera por arte de magia.
En mi opinión, estamos forzando demasiado la maquinaria y no estamos entendiendo lo que significa “ser de verdad”. Nuestra sociedad pone mucho énfasis en hacer y no en ser. Y lo peor es que nos hace creer que somos sólo lo que hacemos.
Creo que la dimensión de lo que somos es muchísimo más amplia y que deberíamos tener tiempo en Soledad para descubrirlo. La famosa frase inscrita en un templo de la antigua Grecia: “conócete a ti mismo” es mucho más profunda de lo que parece a simple vista. ¿Quiénes somos realmente? ¿cuáles son nuestras verdaderas necesidades? Nos sorprendería ver lo poco que nos conocemos. Hay personas que le tienen pánico a este estado de Soledad pero eso es porque siguen confundiendo la Soledad con estar solo. La Soledad es el estado más puro de cualquier ser humano y como tal solo puede producir satisfacción. Quizá un psicólogo puede ayudarte si estando a solas contigo mismo no te sientes bien, eso no significa que estés ¡trastornado ni loco! Simplemente has de recordar cómo sintonizar adecuadamente con tu propia mente.

No sé en la antigüedad, pero hoy en día estar en Soledad parece todo un lujo. He oído a bastantes personas decir que es imposible tomarse ni siquiera ¡30 minutos para ellos mismos!
¿Cómo hemos llegado a esta situación? La revisión de qué está pasando en nuestra vida toma urgencia si no podemos estar en Soledad ni 30 minutos.
Algunas sugerencias:

- Exigir nuestro derecho a la Soledad como a respirar oxígeno.

- Revisar seriamente qué actividades en nuestra vida (y la de nuestros hijos) son realmente imprescindibles y cuales no.
Hacer muchas cosas no significa ser más feliz, ni más guay, ni mejor padre por hacer que tu hijo haga muchas actividades extraescolares. Recuerda, tu hijo es un ser humano que también ¡necesita su Soledad!

- Sacar tiempo libre debajo de las piedras e incluso de tu “tiempo de ocio”. Si al quedar para ir al cine, al teatro o a cenar con amigos tu cuerpo te pide quedarte en casita o estar a solas ¡Hazlo! Exige tu derecho a la Soledad. Si tu familia o amigos no lo entienden puedes tratar de explicárselo y si esto no funciona ¡miente! y pon una excusa creíble. Tu salud va en ello…

- Hacer cosas que te apetezcan a ti solo (dibujar, hacer manualidades, aprender a bailar, yoga, meditación o mejor aún, sentarte en un parque y “no hacer NADA”).

- No hacer NADA.

- No hacer…